Preguntar sin responder

por Sozan

"Lo importante es no dejar de hacerse preguntas​​."

Albert Einstein (1879-1955) Científico Alemán.

En el mundo en que vivimos usualmente nos vemos enfocados en logros y en obtener resultados -y en obtenerlos pronto-. Gran parte de lo que recibimos del mandato social, familiar, laboral se ve reflejado en la vara con la que nos miden y con la que nos medimos, y que suele tener como escala… el éxito.

Quizá sea por ello que estamos en constante búsqueda de respuestas a las preguntas pequeñas o grandes de la vida. Desde interrogantes como “¿Qué haré el fin de semana?” o “¿Cuál debería ser mi próximo trabajo?”, hasta las preguntas más existenciales sobre la razón por la que estamos aquí, la razón de nuestra aparición en el mundo. Preguntas que se convierten en general en algo a resolver que tenemos que atender más pronto que tarde. Una pregunta sin respuesta nos es incómoda como una pequeña piedra -o gran piedra, dependiendo la pregunta- en el zapato. Una pregunta sin respuesta nos aleja del mandato de logro.

Sin embargo, existen preguntas que deben ser vividas sin emprender una inmediata búsqueda por su respuesta. Preguntas que nos piden ser saboreadas, observadas e incluso postergadas porque la importancia yace más en su existencia que en la respuesta que nos puedan proporcionar de inmediato. Algunas preguntas en sí mismas en ocasiones encierran toda la información que necesitamos. Preguntas que a su vez son respuesta. Otras que necesitan madurar para realmente interrogarnos de una manera diferente, más acabada o precisa. Muchas veces la primera versión de una pregunta no es la óptima, y si encontramos una respuesta de inmediato perdemos la posibilidad de que una segunda versión del interrogante nos proporcione una respuesta aún mejor, más precisa, más profunda.

Vivir la pregunta es una oportunidad de comprender su verdadero significado. No sólo de hacia dónde va la pregunta -en otras palabras, su respuesta- sino también de dónde proviene, por qué nace el interrogante. Vivir la pregunta nos permite observar las “preguntas dentro de la pregunta”, los sutiles entre-línea que siempre existen si nos detenemos a descubrirlos. Darle una posibilidad de manifestarse plenamente es lo que hacemos con la pregunta cuando en lugar de buscar la respuesta, la vivimos con plenitud y curiosidad.

Una de las fuentes de mayor calma y ecuanimidad es desarrollar la capacidad de vivir las preguntas con paciencia en lugar de apresurarnos por las respuestas. Y no sólo las grandes preguntas, sino las pequeñas también.

Vivir la pregunta. Permitirnos comprender qué debe ser respondido pronto, qué puede ser postergado y cuáles son las preguntas que quizá… nunca tengan respuesta.

Sozan

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