Inquietud y Ansiedad

por Sozan

"Una mente erizada hace a una almohada inquieta."

Charlotte Brontë (1816-1855) novelista inglesa.

Vivimos en un mundo complejo. Desde lo más pequeño y cercano que ocurre en nuestro entorno a los problemas que enfrenta la humanidad, nos encontramos inmersos en un sinfín de estímulos y situaciones que exigen nuestra atención mental y emocional. Sabemos que algunos problemas pueden ser resueltos y otros no. Sentimos temor a que ocurran ciertas cosas, y expectativa en relación a posibles resultados de otras. Caemos en la cuenta de que no lo controlamos todo, y reconocemos que el cambio es una constante hasta en lo que pareciera ser totalmente fijo y permanente. Un mundo complejo… y todo esto puede en ocasiones -o de manera constante- inquietarnos y conducirnos a un estado de ansiedad que usualmente se manifiesta como agitación, nerviosismo, angustia o preocupación.

Como el apego, la mala voluntad, la pereza o la duda escéptica, la inquietud y la ansiedad también pueden convertirse en un obstáculo en nuestra búsqueda de vivir una vida equilibrada y con sentido.

La inquietud se manifiesta como obstáculo cuando se ve reflejada en una mente que busca sin cesar las soluciones a nuestros problemas, el alivio de nuestro sufrimiento -incluso si ese sufrimiento es muy pequeño- o la respuesta a las complejidades de la vida, y lo hace sin detenerse, sin realmente encontrar sosiego en la búsqueda. Es un estado constante de preocupación y nerviosismo que nos lleva a no poder permanecer mental o emocionalmente quietos, que nos impide observar con mayor atención qué es aquello que realmente merece nuestro foco y a accionar sobre ello.

La ansiedad, que usualmente acompaña a la inquietud, nos lleva a centrar constantemente la atención en nuestras acciones pasadas y su impacto en el presente, en cómo las acciones presentes podrían afectar al futuro, y en cómo un futuro imaginario podría hacerse realidad en el aquí y ahora. Nos balanceamos frenéticamente entre el pasado y el futuro, reviviendo diálogos o recordando y recreando escenas pasadas o futuras que poco tienen que ver con lo que se encuentra ocurriendo en realidad. Cuando estamos ansiosos, el presente se convierte en un puente entre un pasado que es historia y un futuro que no es más que nuestra imaginación.

Estos estados son, lamentablemente, muy comunes hoy en día. Un estilo de vida más y más veloz, un consumismo desenfrenado, la sensación de tener que «estar a la altura de los demás y de las exigencias de la familia, trabajo o sociedad» unido a la falta de cohesión social y una mayor sensación de alienación, pueden conducirnos a una manera de ser que se manifiesta en inquietud y ansiedad como resultado de esta falta de balance, conexión y equilibrio.

La inquietud y ansiedad disminuyen cuando comenzamos a ocuparnos en lugar de preocuparnos. Cuando podemos confiar en nuestras capacidades y, sin resignarnos, aceptar las cosas como son. Cuando nos damos el permiso de pausar, hacer silencio y observar con más detalle y mayor claridad lo que realmente ocurre en este instante. La inquietud y la ansiedad dejan de ser un obstáculo cuando podemos conectar con la abundancia de la profunda interconexión de todo lo que existe a nuestro alrededor.

Vivimos en un mundo complejo. Qué maravilla.

Sozan

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