Ep. 67 – PACIENCIA…

por Sozan
PALABRAS EN EL CAMINO

PACIENCIA...

(Episodio 67)

«La paciencia es la virtud de los sabios» dice el refrán, y para poder llevar una vida más productiva y armoniosa la paciencia es algo que sin duda es esencial. La pregunta es, ¿qué entendemos cuando hablamos de paciencia? ¿Es lo mismo que tolerancia?

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TRANSCRIPCION:

“La paciencia es la virtud de los sabios”, dice el refrán. Y para poder llevar una vida más productiva y armoniosa, la paciencia es algo que sin duda nos es esencial. La pregunta aquí es ¿Qué entendemos cuando hablamos de paciencia?

Paciencia. Este es el episodio número 67 de palabras en el camino.

Y sin duda vivimos vidas complejas y la dificultad, la incertidumbre, el sufrimiento, todo esto no es ajeno a la experiencia humana, y no es ajeno a la experiencia de cada uno de nosotros. Y como dije, la paciencia es algo que sin duda nos es esencial, una virtud -incluso- que convierte o transmuta una experiencia en algo diferente, algo que nos guía hacia la cesación del sufrimiento, de la dificultad.

Y traigo el concepto de “sufrimiento”, porque paciencia, de hecho, proviene del latín “pati”, que significa “sufrir”. De hecho, el participio “patiens” se introdujo en el castellano como “paciente”, como un paciente en los hospitales, el paciente de un médico, que se traduce en “el que sufre”. Entonces, “paciencia” está muy relacionada con el tema del sufrimiento. Pero justamente la paciencia no es más que un antídoto a ese sufrimiento, a la complejidad de lo difícil y de lo incierto.

Aristóteles nos ilustra diciendo que “La paciencia es el equilibrio entre emociones extremas o punto medio, y con ella se consigue sobreponerse a las emociones fuertes generadas por las desgracias o aflicciones”. Es por eso que la paciencia es una virtud: Nos permite sobreponernos, nos permite sobrellevar situaciones de mayor o menor complejidad en nuestra vida. Y por eso es que la paciencia es transformadora también. Transforma las circunstancias difíciles, quizá de desgracias o desastres incluso, y las lleva a un beneficio físico, un beneficio mental o espiritual. Por eso la paciencia es una práctica especialmente poderosa. Incluso diría que es la paciencia una de las prácticas más importante de todas las prácticas que podemos desarrollar como seres humanos. Porque sin la paciencia, sin ella, es muy difícil desarrollar otras virtudes. Sin la paciencia como eje, como base, todo el resto es más difícil. Es bastante más fácil quizá practicar la meditación, la generosidad, la conducta ética, otras prácticas maravillosas cuando todo va bien, cuando las cosas van bien. Pero cuando se hace difícil, cuando las cosas se desmoronan, -como seguramente ocurre en tu vida de vez en cuando-, seguramente volvemos a los viejos patrones, las viejas conductas que nos llevan una vez más o nos acercan al sufrimiento si no tenemos desarrollada la virtud de la paciencia.

Entonces vuelvo a la pregunta que hice al principio ¿Qué significa paciencia? ¿Qué ocurre cuando somos pacientes? Y aquí entra en juego un concepto fundamental cuando hablamos de esto, cuando hablamos de paciencia: la paciencia no significa suprimir o reprimir. Si practicas la supresión, si aprietas los dientes y lo soportas todo y piensas que esto es paciencia, tengo malas noticias para ti… No es paciencia. Esto no es paciencia. Suprimir y evitar la indiferencia no es lo mismo que paciencia. Diría casi que paciencia es lo contrario. Paciencia, aceptación y apertura. Paciencia no es desconexión o negación.

Por supuesto, podemos tener mayor o menor tendencia a ser pacientes. Pero esta tendencia no lo define todo, porque la paciencia, como otras virtudes, es algo que podemos desarrollar. Y el primer ámbito para practicar la paciencia existe o se presentan las dificultades personales: el dolor físico, los acuerdos frustrados, no conseguir lo que quieres, no conseguir lo que sientes que necesitas o lo contrario, recibir lo que no quieres. Entonces, practicar la paciencia en uno mismo es el primer ámbito del desarrollo de esta virtud. Y me animo a decir que quizá el más difícil ¡Qué difícil es ser paciente con uno mismo!

Y el segundo ámbito para la práctica de la paciencia es la relación con los demás. A pesar de que las relaciones son potencialmente la fuente de nuestra mayor alegría, quizá la experiencia humana más plena y positiva… Y dentro de esto, las relaciones son, como suele decirse, usualmente complicadas. Son seres humanos relacionándose con seres humanos, y practicar la paciencia con los sentimientos complejos, dolorosos que surgen en la relación con los demás es una práctica clave para conseguir mayor bienestar.

Y el tercer tipo de paciencia consiste en la paciencia que requiere este camino de transformación personal. Queremos sentirnos mejor, tener mejores relaciones, estar más atentos y eventualmente ser un poquito más sabios. Todo esto lleva tiempo. Todo esto requiere paciencia. De hecho, el progreso personal suele requerir una enorme cantidad de trabajo y esfuerzo, y tenemos que ser realistas al respecto para no desanimarnos. Tenemos que ser pacientes con nosotros mismos en este camino y no rendirnos cuando un día algo no sale como habíamos planeado, o nos sorprendemos reaccionando o actuando de manera que quizá conduce al sufrimiento en lugar de liberarnos de él.

Entonces, la paciencia es una disciplina y un compromiso como ningún otro. Mientras que usualmente convivimos con el impulso erróneo -diría- de controlar, la paciencia es la voluntad de estar con lo que sea tal cual es, tal como es. La paciencia es una práctica poderosa que como digo, no significa que simplemente toleremos las cosas, sino que trabajemos activamente. La paciencia es una actitud activa para asegurarnos de que no seamos víctimas de emociones perturbadoras. La paciencia nos da fuerza para trabajar en beneficio propio y el de los demás. Y sin embargo, es natural querer alejarse de las dificultades, nos ocurre a todos. Nadie quiere ir hacia el dolor. Queremos ir hacia otra parte, tomarnos un respiro, pensar en otra cosa, distraernos. Pero cuando negamos, cuando culpamos o cuando nos precipitamos en intentos generalmente inútiles de arreglarlo todo, allí donde la paciencia nos entrena para hacer lo contrario, para volvernos hacia la dificultad y adoptarla como una aliada, Adopta la dificultad como una guía que nos muestra el camino hacia el bienestar.

Shantideva, un sabio del siglo VIII dijo que “No hay austeridad comparable a la paciencia”. Dice que si tenemos un problema que pueda resolverse, no tiene sentido enfadarse, disgustarse o preocuparse. Basta con hacer lo necesario para resolverlo. ¿Pero si no lo puedes resolver, si no se puede hacer nada, por qué enfadarse? No sirve de nada.

En medio de injusticias y frustraciones de todo tipo la práctica de la paciencia es la revolución que abre nuestra capacidad de respuesta. Y por sobre todo, la paciencia nos permite responder en lugar de reaccionar. Nos permite permanecer imperturbables como una montaña, sin buscar venganza, sin albergar un profundo resentimiento en nuestro corazones.

Observa entonces el espacio que ocupa el sufrimiento en tu vida, y la manera en que cultivar la bondad amorosa, compasión, alegría, ecuanimidad… Todo esto te ayuda a aumentar la paciencia para que también tú puedas abrazar y perdonar, sostener y superar los obstáculos de nuestra vida, y convertirnos quizá en fuentes renovadoras de compasión y bienestar.

Practicar la paciencia tiene que ver con tu forma de actuar. Implica interiorizar tus emociones, interpretar la situación en la que te encuentras en este momento. Entonces, cuando seas paciente, te detendrás y te tomarás un momento para mirar a tu alrededor mientras piensas en el panorama general, mientras piensas en lo que ocurre aquí y ahora, en este momento, allí donde estás.

En un mundo dinámico y cambiante como en el que vivimos, la importancia de la paciencia en la vida no es sólo en relación a uno mismo. Es también importante para tus relaciones, tu carrera, tu vida personal. No olvides nunca que tu grado de paciencia te influye a ti, tanto como influye en los demás.

Desarrollar la paciencia es una virtud que requiere tiempo, esfuerzo y práctica. Y que no se consigue de la noche a la mañana, pero que sin duda es una habilidad que merece la pena cultivar, y por la que merece la pena, justamente, ser paciente.

Gracias por estar aquí, y por ser parte de este camino. Hasta el próximo paso.

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