Ep. 66 – EL ENTORNO

por Sozan
PALABRAS EN EL CAMINO

LO QUE TE RODEA

(Episodio 66)

Cuando debemos tomar decisiones que afectan en mayor o menor medida el presente, el ambiente es importante. Lo que nos rodea es importante. Las condiciones en las que nos encontramos son importantes.

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TRANSCRIPCION:

Cuando debemos tomar decisiones que afectan en mayor o menor medida el presente, el ambiente es importante. Lo que nos rodea es importante. Las condiciones en las que nos encontramos son importantes.

Este es el episodio número 66 de Palabras en el Camino. Una cálida bienvenida.

Cuando se trata entonces de tomar decisiones, como digo, el entorno es importante. De la misma manera que es difícil comer sano si tu cocina está llena de comida chatarra, también es difícil tomar buenas decisiones cuando estás demasiado ocupado para pensar. Igual que la cocina influye en lo que comes, tu ambiente influye en cómo tomas decisiones. No hay duda de eso.

James Clear, en su libro “Hábitos Atómicos”, dice que “El ámbito es la mano invisible que moldea el comportamiento humano… El ámbito es la mano invisible que moldea el comportamiento humano”, dice James Clear. Y es cierto. Tendemos a creer que nuestros hábitos son sólo producto de nuestra motivación, de nuestro talento, de nuestro esfuerzo. Y sin duda, estas cualidades son importantes, pero lo sorprendente es que -sobre todo a largo plazo- la manera en que somos y actuamos y las decisiones que tomamos suelen verse superadas más por el entorno en el que estamos, el ámbito, que por el talento y el esfuerzo.

Y mayormente somos conscientes del entorno y en ocasiones lo culpamos cuando las cosas no salen como queremos. Quizá culpamos a la economía porque no conseguimos el empleo deseado o al árbitro cuando nuestro equipo de fútbol no gana el partido. Quizá culpamos a nuestro jefe, a nuestra agenda… ya saben. El entorno se convierte en la perfecta excusa por la que las cosas no salen como deberían salir (o cómo querríamos que salga). Sin embargo, cuando las cosas que ocurren son positivas, usualmente ignoramos por completo el entorno. Si consigues un trabajo es porque tienes talento y eres simpática. Si ganas un partido es porque has jugado mejor. Si no lo ganas, como dije, es culpa del árbitro. Es importante recordar que el entorno impulsa tanto nuestros comportamientos positivos como los negativos, entonces. Lo importante ahora aquí, es que el entorno importa e importa mucho.

Las personas que parecen mantener buenos hábitos con facilidad suelen beneficiarse de un entorno que facilita estos comportamientos. Sin embargo dedicamos poco tiempo a tomar conciencia de nuestro entorno, de lo que nos rodea, y a crear condiciones que sean propensas a mejorar hábitos o que nos ayuden a tomar mejores decisiones.

Cambiando el entorno, entonces, podemos sin duda influir en el comportamiento propio y ajeno. Por ejemplo, creando un entorno laboral positivo con incentivos para el buen comportamiento podemos aumentar la productividad, o creando un entorno de silencio visual y auditivo en nuestra habitación quizá podamos conseguir dormir mejor. Y como dice el refrán, el orden llama al orden: Un entorno desordenado nos conduce a ese espacio de dejadez y de letargo. Podríamos decir que el desorden conduce al desorden.

Y esto es muy común, y me animo a decir que el entorno físico donde solemos operar en el trabajo, en nuestro hogar, está más relacionado con la distracción que con otra cosa, no tanto con la concentración en el pensamiento. Generalmente ninguno de estos entornos se alinea con la acción hábil, con los hábitos sanos y la buena toma de decisiones. No quiero generalizar, pero la mayor cantidad de veces suele ser así.

BJ Fogg, profesor de la Universidad de Stanford y experto en cambio de comportamiento, dice algo con respecto a esto. Dice “Solo hay una forma de cambiar radical tu comportamiento y es cambiar radicalmente tu entorno”.

El entorno en el que nos hemos inmersos es, en general, un disparador de hábitos. Cuando nos encontramos con entornos en los que hemos realizado una acción repetidamente en el pasado, solemos repetir esa misma acción en el presente. Por ejemplo, podemos adquirir el hábito de comer comida chatarra delante del televisor por la noche, y es muy posible que simplemente sentarse frente al televisor por la noche nos dispare ganas de comer comida chatarra. Sin siquiera pensarlo, simplemente por estar en el entorno.

La pregunta entonces es ¿Cómo puedo diseñar mi entorno, cómo puedo crear un ámbito de tal manera que sea más fácil hacer lo que es beneficioso y que sea más difícil hacer lo que no nos beneficia ni a nosotros ni a otros? ¿Qué debemos -o podemos- hacer para diseñar el entorno de modo que incluya los estímulos que fomentan los hábitos positivos y de modo que elimine lo que fomenta los hábitos negativos?

¿Conoces la historia del antiguo héroe Ulises y el canto de las sirenas? Se rumoreaba que las sirenas cantaban tan maravillosamente que los marineros se acercaban a su isla para escuchar sus cantos, hasta que los barcos naufragaban, se estrellaban contra las rocas. Ulises entonces pone cera de abejas en los oídos de sus marineros para que no oyeran las canciones y hace que sus hombres lo aten al mástil de su barco para que no pueda escapar, y así no maniobre hacia las isla de las sirenas.

Ulises decidió de antemano lo que haría, y lo que hizo fue preparar su entorno: Creó un entorno que protegió a su barco y lo protegió a él y a sus tripulantes. Un entorno que los protegió de una mala decisión que los llevaría a naufragar.

Es importante entonces, comprender la influencia de nuestro ámbito, del entorno donde estamos en cada momento, porque no somos algo separado del entorno. El entorno y nosotros, inmersos en él, inmersos en el entorno, somos la misma cosa. Actuamos en sincronía. ¿Quieres entonces comer más sano? No compres comida chatarra. Si no está en tu alacena, no puedes comerla. ¿Quieres perder menos tiempo navegando por las redes sociales? Quita las alertas innecesarias, aleja físicamente el teléfono de tu zona de trabajo o de tu zona de ocio.

Y así con todo. ¿Quieres utilizar el hilo dental con más frecuencia? Ponlo junto al cepillo de dientes, no detrás del espejo, sobre el lavabo. Esta es la manera en que te “atas al mástil”, como lo hizo Ulises: Eres tú quien controla el entorno y no el ambiente quien te controla a ti.

Y pone especial atención a las personas. Como dice Jim Rohn, “Eres la media de las cinco personas con las que pasas más tiempo… Es la media de las cinco personas con las que pasas más tiempo”. Entonces observa de quien te rodeas a diario. Esas personas con las que pasas más tiempo ¿Te ayudan a convertirte en quien quieres ser en el mundo? ¿Qué entorno crean las personas que más frecuentas?

Y por supuesto, no controlas siempre todo lo que hay en tu entorno, pero puedes crear condiciones propicias que sean lo suficiente como para marcar una gran diferencia. Y en ocasiones no puedes cambiar el entorno, no puedes hacer nada. Pero allí es donde puedes practicar la atención y el silencio interno para no dejarte llevar inconscientemente por lo que te rodea.

Cuando pienses en la manera en que quieres “ser en el mundo”, no confíes tan solo en tu fuerza de voluntad o en tu motivación, en tu inteligencia o en el azar. Comienza por evaluar tu entorno y crea las condiciones posibles para que tu accionar sea en beneficio tuyo y en beneficio de todos los que te rodean.

El entorno, lo que te rodea, importa… y mucho.

Gracias por estar aquí y por ser parte de este camino. Hasta el próximo paso.

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