Ep. 63 – TRANQUILIDAD

por Sozan
PALABRAS EN EL CAMINO

JAKU: TRANQUILIDAD

(Episodio 63)

Wa, Kei, Sei y Jaku: Armonía, respeto, pureza y tranquilidad.

La calma, la tranquilidad dentro del contexto de la actividad es la única y verdadera calma, que no puede lograrse mediante un esfuerzo directo sino como el resultad de una manera de actuar.

Mediante la práctica constante de la armonía, el respeto y la pureza, creamos las condiciones para acercarnos a la quietud y el silencio absolutos del «Jaku»… una profunda y verdadera tranquilidad.

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TRANSCRIPCION:

Wa, Kei, Sei, Jaku. Estos ideales que vienen de Japón se pueden traducir al español como armonía, respeto, pureza y tranquilidad.

Una cálida bienvenida a este episodio, el episodio número 63 de palabras en el camino.

La Armonía, Wa, representa la capacidad de ver la diferencia en la igualdad y la igualdad en la diferencia. El respeto, Kei, lo comprendemos como la capacidad de “mirar de nuevo”, de tener la posibilidad de abrirse a la abundancia que ocurre cuando no rechazamos, que se da cuando respetamos todo a nuestro alrededor, todo lo que existe. Y como vimos en el episodio anterior, Sei, Pureza, es la posibilidad de conectar con el momento presente, libres de las impurezas del ego. De consumirse por completo en el aquí y ahora, sin rastros del odio, la codicia o la ignorancia… Un presente, un aquí ahora puro.

Y ahora vamos a ver, Jaku, tranquilidad. Y como vamos a ver, su condición fundamental, y quizá la más importante, es que no existe Jaku sin Wa, Kei y Sei. Que no existe la tranquilidad sin la armonía, sin el respeto y la pureza si no se encuentran presentes, Jaku no se da. Entonces Jaku en gran medida es el resultado de los otros tres. Y esto es lo más interesante, creo, de este concepto, porque aunque nos esforcemos por hacerlo de manera intencional, aunque trabajemos muy duro para alcanzar los tres primeros principios Wa, Kei y Sei, el último Jaku, la tranquilidad no puede lograrse mediante un esfuerzo directo. Sin embargo, mediante la práctica constante de Wa, Kei y Sei, de la armonía, el respeto y la pureza, creamos las condiciones necesarias para acercarnos a la quietud y al silencio absoluto de Jaku, de la tranquilidad.

Entonces podemos esforzarnos por lograr armonía. Podemos trabajar para lograr el respeto. Podemos cultivar la pureza… pero la tranquilidad es un resultado. No es un proceso directo.

El principal problema sin embargo con este principio es que tenemos una idea de “tranquilidad” que se da más como un estado de no acción, de quietud, de relajación. Pero Jaku, este ideal de tranquilidad dista mucho de ser un estado psicológico de ensueño. No es un estado de relajación, digamos, por desconexión. Sino lo contrario, es la fuerza dinámica del ser más íntimo de cada uno de nosotros: Jaku. Esta tranquilidad de la que hacemos referencia es un estado mental de atención, de unidad, de quietud, de sustancialidad, de trascendencia. Es un estado de dicha y tranquilidad completa y armoniosa, pero activa y en completa conexión con el universo.

Podríamos incluso decir que es la calma en la acción.

Y cuanto más hablo, más me doy cuenta qué difícil es explicarlo en palabras. Porque por un lado, Jaku es de cierta manera el resultado de un proceso que comienza con Wa, Kei y Sei, pero por otro lado también es el comienzo de algo nuevo. Porque cuando ponemos en práctica o cuando ponemos en acción los ideales de armonía, respeto y pureza comienza de nuevo un corazón fresco, iluminado, que se da en Jaku. En este punto pueden realizarse infinitas posibilidades de la vida, porque de este estado de tranquilidad también realizamos nosotros tres. Necesitamos Wa, Kei y Sei para lograr la tranquilidad, pero también necesitamos la tranquilidad para lograr la armonía, el respeto y la pureza.

La armonía da lugar a la tranquilidad, por supuesto, pero también la tranquilidad nos permite ver con claridad la igualdad en la diferencia y la diferencia en la igualdad.

El respeto nos lleva a un estado de conexión que nos permite acercarnos a lo que importa, lo que realmente importa. Nos permite abrirnos a las enseñanzas de la vida. Y la tranquilidad que deviene de ello, Jaku nos ayuda a tomar las cosas con calma y a respetarlas con la generosidad de darles tiempo. La tranquilidad de la que hablamos de alguna manera nos ayuda a responder con respeto en lugar de reaccionar con desconexión. Esa pureza de “ver de nuevo”, de conectar con el momento presente. Esta capacidad de lo puro, de la falta de ego en el aquí y ahora. Esto nos da paso a la tranquilidad, esa tranquilidad que surge de no estar contaminado de lo que es puro. Y en esa pureza surge un estado de quietud interior que es cristalina como el agua de un río de montaña.

El gran maestro Zen Suzuki Roshi dijo “La calma mental no significa que debas detener tu actividad. La verdadera calma debe encontrarse en la actividad misma. Decimos “Es fácil tener calma en la inactividad. Es difícil tener calma en la actividad”, pero la calma en la actividad es la verdadera calma”.

Entonces, Jaku, la calma de la que estamos hablando, la tranquilidad de la que estamos hablando, no es la no existencia del caos, sino la calma existente a pesar del caos, a pesar de los movimientos del universo. Es como el océano y las olas: La tranquilidad de la que estamos hablando es la que existe en lo más profundo del océano, en ese espacio donde la actividad de la superficie no afecta la quietud del agua. Pero no es que las olas son una cosa y las profundidades del océano otra. El océano es océano. El océano es absolutamente océano, y no distingue entre olas y profundidad. Entonces no podemos forzar la tranquilidad deteniendo las olas. No podemos realizar un Jaku por sí mismo, no podemos encontrarlo separado de nuestra intención de transformarnos en un ser despierto.

Es entonces, a través de la práctica de la armonía, del respeto, de la pureza… Wa, Kei, Sei, y todo esto en profunda conexión con el universo y a través de la atención al momento presente en donde florece esta tranquilidad, en donde florece Jaku, que nos permite volver a la armonía, al respeto, a la pureza con una mente tranquila y despierta.

Y entonces aprendemos a nadar en el despertar de la conciencia para poder zambullirnos en lo más profundo y quieto del océano del universo. Esa tranquilidad donde no hay olas, pero donde sigue siendo el océano. Y cuando estamos allí podemos abrir los ojos a la inmensidad de Jaku, a la inmensidad de esta tranquilidad, a la inmensidad de la profunda paz que se da en la calma que existe en la misma actividad.

Gracias por estar aquí, y por ser parte de este camino. Hasta el próximo paso.

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