Ep. 59 – CUANDO NADIE TE MIRA

por Sozan
PALABRAS EN EL CAMINO

CUANDO NADIE TE MIRA

(Episodio 59)

Lo que haces cuando nadie te observa, en gran medida determina tu avance en la vida. También en las relaciones y en el trabajo. Y esto siempre me ha parecido un punto interesante para reflexionar ¿Qué hacemos? ¿Qué haces cuando nadie te mira? ¿Qué actitudes tenemos cuando nadie nos observa excepto nosotros mismos? ¿Cuando somos los únicos testigos de nuestra palabra, de nuestra acción?…

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Según los psicólogos, en nuestro día a día todos y cada uno de nosotros navegamos en dos versiones distintas de quienes somos. Estas dos versiones son nuestro “yo público” y nuestro “yo privado”. Somos la misma persona, pero con dos dimensiones muy diferentes. Dimensiones que conviven en el plano de lo que hacemos y en el plano de lo que decimos, según dónde nos encontramos.

Por supuesto, nuestro “yo público” es la versión que permitimos que vean los demás y con nuestro “yo privado” reflejas información sobre nosotros mismos que no solemos permitir que público vea: Lo que hacemos cuando nadie nos observa. Y es allí, en ese espacio de íntimo encuentro con nosotros mismos, donde en general se producen los cambios más profundos, estos cambios que determinan cómo se desarrolla nuestra vida, ya sea pública o privada.

Recuerdo haber leído que “La verdadera virtud de una persona puede medirse por su comportamiento en dos situaciones: en momentos de estrés extremo o cuando nadie la está mirando”. Y esto que descubrí es muy interesante. Un grupo de científicos del Centro de Comportamiento y Evolución de la Universidad de Newcastle realizó un estudio que demuestra que basta con colgar en la pared una imagen de ojos humanos para cambiar significativamente el comportamiento de las personas a su alrededor.

Es así. Sólo basta una imagen de ojos humanos para que nos llegue a cambiar el comportamiento. Este comportamiento suele cambiar para mejor, digamos, y quizá de allí viene que muchas religiones o prácticas espirituales se dice que un ser superior, Dios, o como cada uno desee llamarlo, está siempre mirándonos, siempre observando. De esta manera quizá se minimiza o se disuelve ese “yo privado”, llevándonos a acciones que se encuentran más alineadas con lo que hacemos en público. Sin ir más lejos, recuerdo, hay una canción navideña que dice que Papá Noel nos observa todo el tiempo, cuando estamos despiertos o cuando estamos dormidos… por lo que más vale portarse bien si queremos recibir regalos. Como los ojos humanos en la pared del estudio que mencioné.

Todo esto es cierto también en relación a lo que pensamos. En lo que pensamos, y luego en lo que decimos o hacemos. Los pensamientos son una parte de lo que otras personas no pueden ver. Es una parte de mi “yo privado”. Podemos pensar lo que queramos sin que ello se encuentre disponible en general para la observación o el juicio de otros en tanto no digamos o no hagamos nada en público. Como nadie los ve, muchas veces dejamos que nuestra mente piense lo que quiera. La dejamos libre a su propia narrativa y no nos preocupa tanto, porque nuestro “yo social” o el “yo público” se encuentra protegido.

Pero lo que pensamos, de la misma manera que lo que hacemos cuando nadie nos ve, tiene consecuencias muy profundas en esta vida. Y por supuesto, hay cosas que son privadas y que no haríamos en público. Y probablemente no te vistas de la misma manera cuando estás en soledad en el sofá mirando tu serie favorita que cuando sales a la calle. Por supuesto. Pero hay algo importante que observar cuando en una misma situación actuamos de manera diferente dependiendo de si nos miran o si no nos miran. ¿Te reconoces en alguna de estas situaciones? Probablemente sí. O por lo menos yo me reconozco. Esta observación, poder apreciar la diferencia de los comportamientos de mi “yo privado” y mi “yo público” frente a una situación similar nos da la posibilidad de preguntarnos por qué actuamos de esta manera y de si hay algo que quizá podamos o queramos modificar.

Existen muchos factores que nos llevan a actuar de determinada forma cuando estamos siendo observados, cuando nos encontramos en público. Puede ser un sentido de competencia, de vergüenza, de solidaridad, respeto o cooperativismo. Puede ser temor o hasta compasión. Por supuesto, la lista de razones por la que nos comportamos de manera diferente en público es interminable, pero nos lleva a reflexionar por qué en muchas ocasiones no podemos aplicar el mismo parámetro cuando estamos en soledad. Por qué respetamos ciertas cosas en público y no en privado. Incluso el respeto a uno mismo ¿Por qué no tenemos la misma paciencia, solidaridad y compasión en público y en privado? ¿Qué ocurre cuando nos vemos motivados por el “qué dirán” o el “qué pensarán de nosotros”?

Cuando en un camino de autoexploración y en una búsqueda de transformarnos de manera positiva, comenzamos a observar esto y nos proponemos cambiar los hábitos y la manera en que actuamos cuando nadie nos ve, allí se comienza a forjar un carácter que toma una dimensión muy profunda en relación a la manera en que somos en el mundo. Cuando la brecha entre el “yo privado” y el “yo público” para una misma situación comienza a disminuir -para bien-, descubrimos que algo se alinea y que probablemente se siente mejor. Incluso podemos descubrir un gran ahorro de energía.

Por supuesto, este proceso no es tan fácil y tiene muchísimos matices. La acción de observarnos en cada ámbito en el que actuamos… no necesariamente lleva a un cambio inmediato o radical. Pero lo que sí es posible es tomar estas referencias para permitirnos un camino de indagación personal. A veces solo basta con preguntarse ¿Haría esto que estoy por hacer, si estuviera en público? ¿Haría esto frente a mi amiga, mi novio y compañero de trabajo, haría esto frente a mi jefa? Tomar este dato como punto de información de referencia quizá no necesariamente define tu comportamiento, pero con seguridad agrega, suma, un punto de reflexión para ver las cosas con mayor perspectiva.

Como dije al principio, lo que haces cuando nadie te observa en gran medida determina tu avance en la vida, en las relaciones y en el trabajo. Y este avance se determina porque agregamos un punto de referencia: Esa observación externa que nos invita a reevaluar si lo que hacemos en privado nos es conducente al bienestar o a mayor complejidad en nuestra vida. Este cambio es posible y, sin duda, muy beneficioso.

Gracias por estar aquí y por ser parte de este camino. Hasta el próximo paso.

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