Ep. 37 – FELICIDAD Y CAMBIO

por Sozan
PALABRAS EN EL CAMINO

FELICIDAD Y CAMBIO

(Episodio 37)

El cambio sucede… porque si hay algo que no cambia, es el hecho que tarde o temprano, todo cambia. Y lo que determina cómo va a impactar en nuestro estado de bienestar, de felicidad, es la capacidad que tengamos de aceptación y adaptabilidad. Porque este movimiento que produce el cambio puede llevarnos a decepciones y desafíos. O también puede crear para nosotros grandes oportunidades.

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TRANSCRIPCION:

En episodios anteriores hablé sobre la felicidad y la diferencia entre “ser” o “estar” feliz. De la felicidad como un estado profundo del ser, no tanto la felicidad como una sensación efímera y pasajera… Esa que se da cuando nos ocurre algo que nos pone alegres. Esto es lo que realmente nos transforma desde lo más íntimo, desde lo más profundo de la persona que somos. Estoy hablando de esa felicidad duradera, una sensación de real bienestar.

Y existen muchas razones por las que podemos ser o no ser profundamente felices. Aunque no hay una técnica específica o una fórmula para la felicidad, existen ciertas cosas, ciertos condicionamientos que nos permiten ir moldeando un estado del “ser”. Un estado que se encuentra en paz, que se encuentra en bienestar. Un estado del ser que es un verdadero estado de felicidad.

En este episodio voy a hablar sobre algo en particular que determina en gran medida cómo nos vemos afectados en la felicidad que deriva del bienestar y la paz interior. Y del tema que voy a hablar en este episodio es de nuestra capacidad de aceptar e integrar el cambio. Y por cambio me refiero a casi todo lo que nos ocurre en la vida. Porque como sabemos, todo cambia, todo el tiempo.

Pero esta vez quiero hacer foco en el cambio que no esperamos. El cambio que de un momento a otro se hace presente y modifica nuestro entorno o interfiere con nuestras expectativas. Hablo de las circunstancias que nos sorprenden, estos eventos inesperados y cambios imprevistos que nos ocurren a todos en cualquier momento del día. Y el cambio sucede. Y lo que determina cómo va a impactar en nuestro estado de bienestar, de felicidad, es la capacidad que tengamos de aceptación y adaptabilidad. Porque este movimiento que produce el cambio puede llevarnos a decepciones o desafíos, o también puede crear para nosotros grandes oportunidades. Son momentos en los que, a pesar de nuestros mejores planes y esfuerzos, las cosas parecen tener vida propia -y de alguna manera podemos decir que la tienen- porque no estamos absolutamente en control de todo lo que ocurre, y las cosas en su cambio nos llevan hacia la necesidad de aceptar. Las cosas en su cambio, nos llevan a esa necesidad de reestructurar. Diría, de cierta manera, de “cambiar junto al cambio”.

Tengamos en cuenta que no estamos tan en control como creemos y lo que mejor podemos hacer, es crear las condiciones más propicias posibles para que las cosas sucedan quizá de cierta manera.

Todo lo que nos rodea cambia constantemente, lo percibamos o no. La sociedad cambia, la tecnología evoluciona cada día más… El mundo está siempre en movimiento. Lo sabemos. Las cosas cambian. Pero a pesar de este conocimiento, una de las cosas más difíciles que aprende el ser humano a lo largo de su vida es cómo aceptar “esto que cambia” y cómo adaptarnos a circunstancias imprevistas e impermanentes. El cambio es una parte natural y constante de la vida, especialmente en un mundo tan acelerado como el que vivimos hoy.

Y no solo cambia todo lo que nos rodea, sino que tú también cambias. Y el problema es que muchos de nosotros nos resistimos y lo rechazamos: Resistimos al cambio y lo rechazamos. Y es por ello que el cambio puede ser tan influyente en la paz y bienestar que llevan a la felicidad.

Vuelvo entonces al tema de la aceptación y adaptabilidad. Estas son dos condiciones que nos permiten salir fortalecidos, nutridos del cambio… O que de otro modo pueden crear en nuestra vida espacios de mucha complejidad si no los tenemos, si no tenemos aceptación, si no tenemos adaptabilidad.

Y cuando hablo de aceptación del cambio no estoy hablando de negación, no estoy hablando aquí de desconexión o de darse por vencido. No es la aceptación desde el punto de vista “nihilista” de la derrota. Estoy hablando de la capacidad que tenemos los seres humanos de aceptar la realidad tal cual es y no tal cual quisiéramos que sea. Las cosas se dan de cierta manera y podemos tomar contacto con la realidad del momento, comprendiendo que así es como son las cosas. Esto no significa que nos guste, no significa que estemos de acuerdo o que pensemos que esto es lo correcto o lo mejor. Esto no significa que por “aceptación” no hagamos un sincero esfuerzo por crear condiciones que quizá modifiquen las cosas.

Sea como fuere, los vientos de cambio soplan en nuestra vida y, sin embargo, algunas personas logran llegar de todas maneras al puerto previsto, al destino que se proponen. Y esto sin importar de qué lado sopla el viento de cambio o con qué intensidad. El viento es el mismo, pero lo que nos guía hacia las diferentes orillas de la vida está determinado por la forma en que elegimos fijar u orientar nuestras velas. Dicho de otro modo, ¿Cómo nos relacionamos con el cambio, de manera de aceptarlo y de reorientar la acción de manera que nos lleve a donde queremos llegar?

En gran medida la posibilidad de tener una profunda felicidad y bienestar tiene que ver con saber orientar la acción, los pensamientos. Con saber encauzar la emoción sin dejarnos atrapar por la dirección, sorpresa, o intensidad del cambio. Cuanto más nos adaptamos al cambio, más acostumbrados estaremos a él, y más fácil nos resulta fluir. La rigidez y la resistencia pueden causar un estrés innecesario y pueden cegarnos de las oportunidades que pueden aportar estas nuevas situaciones: Estos entornos y personas en constante cambio.

En la plegaria de la serenidad, la oración dice “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar. Y sabiduría para reconocer la diferencia”.

Esto es profundizar en la capacidad de aceptación y de cambio. Y se llama “Plegaria de la Serenidad”, porque es serenidad lo que ocurre cuando podemos aceptar. Es serenidad lo que ocurre cuando podemos discernir entre lo que podemos cambiar y lo que no. Y en esta serenidad se hace manifiesto el bienestar, se manifiesta la paz que nos lleva a un estado de verdadera felicidad.

La serenidad nace de aceptar que hay cosas que podemos cambiar y que hay cosas que no, y de aceptar el cambio que ocurre. Y que siempre tenemos la oportunidad de reorientar las velas del barco de nuestra vida, y de esta manera fluir con el cambio en lugar de enfrentarnos directamente a él.

Aceptar el cambio nos permite ser proactivos y no reactivos. En ese “fluir” ya no somos una víctima controlada por las fuerzas externas. Nos ponemos en un lugar donde podemos ser quienes toman las decisiones. Somos entonces quienes mantenemos en control cuando podemos aceptar el cambio. No dejamos que el entorno decida por nosotros. Nos damos cuenta que somos los únicos responsables por nosotros y por nuestra vida.

Cuanto antes uno comienza a aceptar, a abrazar, a fluir con el cambio… Cuanto antes esto ocurra, antes podemos empezar a disfrutar del proceso natural de lo que ocurre en este momento, que no es ni más ni menos que un proceso de constante cambio. Hay muchas oportunidades, en ocasiones visibles y en otras ocultas en esta transformación. Hay muchas posibilidades.

No puedes alterar el hecho de que el cambio existe porque lo único que no cambia es que tarde o temprano… todo cambia. Pero lo que sí puedes hacer es ajustar tu visión y tu enfoque para que a través del cambio, para que con el cambio, puedas vivir una vida más feliz y plena. Una vida de paz y bienestar, de verdadera y profunda felicidad.

Gracias por estar aquí, y por ser parte de este camino. Hasta el próximo paso.