Palabras en el Camino – Episodio 29 – GRANDES PEQUEÑAS COSAS

por Sozan
PALABRAS EN EL CAMINO

GRANDES PEQUEÑAS COSAS

(Episodio 29)

¿Alguna vez te has detenido a pensar cuántas cosas diferentes haces en un día? Y me refiero a todas las actividades, por más pequeñas que sean. Cada cosa que haces desde que te despiertas hasta que te vas a dormir. Suena el despertador y lo apagas… Y quizá prendes la luz o quizá no. Y piensa en todo lo que ocurre entre que apagas el despertador y terminas de desayunar. El día, luego, continúa.

spotify

(ESCUCHAR EN OTRAS PLATAFORMAS)

TRANSCRIPCION:

Las actividades son casi innumerables si las observamos de manera detallada. Toma las llaves y abres una puerta, y luego baja las escaleras o esperas el ascensor… Y todavía ni siquiera has salido a la calle. Tu día recién comienza.

Ciertas cosas durante la jornada, durante el día, son importantes o relevantes. Y son cosas a las que casi siempre le prestamos atención. Que no se queme el desayuno, o cerrar la puerta del hogar con llave o cruzar la calle… Estas pueden ser algunas de las cosas a las que me refiero. Solemos prestarles atención porque de lo contrario el resultado puede ser potencialmente incómodo o problemático, o incluso en ocasiones, hasta peligroso. Y así todo, a veces se nos quema el desayuno o nos olvidamos de cerrar la puerta con llave, o cruzamos la calle distraídos. En ocasiones dejamos de prestar atención incluso a lo que es más importante. Pero nuestro día está lleno de actividades y detalles. Encender una luz cuando ingresamos a una habitación. Y apagarla al salir. O lavar los platos luego de desayunar o cenar. No hacer ruido excesivo si hay otras personas que pueden molestarse, por ejemplo. Estas son pequeñas pero constantes cosas que suceden día a día que en realidad conforman la mayoría de lo que sucede en nuestra vida. Cosas triviales, cotidianas, incluso a veces repetitivas. Pero lo importante es que esto quizás sea el 90% de lo que ocurre en un día común. Pequeñas cosas, cosas triviales.

Y prestar atención a estas cosas cotidianas encierra en sí mismo una oportunidad de aprendizaje muy grande. Como mencioné en un episodio anterior, existe en Japón un concepto que lleva por nombre “Menmitsu no kafu”. “Men” significa cercano, íntimo, o densamente tejido. “Mitsu” significa tejido de algodón. “Ka” significa familia. Y “fu” significa viento o manera. Todos estos conceptos juntos expresan entonces una capacidad de prestar atención… Pero no cualquier atención: Una atención exquisita, cuidadosa, considerada, íntima, cálida y contínua a los detalles. Una atención a la vez suave y sutil a todo lo que nos rodea, a todo lo cotidiano, sin importar su jerarquía o la manera en que intenta captar nuestro foco. Una manera de explicarlo quizá es “Cuando hago esto, hago esto, y cuando aquello, hago aquello”. No importa lo pequeño o cotidiano de la actividad, sea lo que sea, presto atención. Esto es menmistu no kafu: Prestar atención exquisita, cuidadosa, considerada, íntima, cálida y continua a los detalles en nuestro día, a las “grandes, pequeñas cosas” que suceden a diario. Esta es una oportunidad de ver la vida con otra perspectiva, de saborear los detalles de cada instante en que estamos vivos.

Y sin embargo el estrés, la vida vertiginosa y ocupada que vivimos hoy en día, nos exige ser eficientes y metódicos. De prestar atención a lo que es -o pensamos que es- realmente importante. No hay tiempo para ocuparse de pequeñeces, de atender lo que suponemos es trivial o poco relevante. Y en esta vorágine nos perdemos los detalles fundamentales de lo que significa vivir con plenitud. El mundo ajetreado nos aleja de nuestro menmitsu no kafu, y en esa distancia, algo muy importante se pierde, y una oportunidad de transformarnos nosotros y todo a nuestro alrededor pasa a segundo plano, menos importante frente a la urgencia de todo el resto.

Y lo que siempre me pareció muy interesante en todo esto es que prestar atención a los detalles lleva el mismo tiempo que no hacerlo. No es que no tengamos tiempo de apagar la luz cuando salimos de una habitación o de conectar con el sabor de lo que estamos almorzando o cenando. No es que devolver una sonrisa o hacer menos ruido al lavar los platos nos distraiga del importante foco que debemos poner a la próxima tarea importante como la reunión de hoy por la tarde o ese encuentro que vamos a tener con una amiga.

La realidad es que en general no prestamos atención a los detalles simplemente porque estamos ausentes con la mente puesta en esa próxima tarea, esa próxima reunión o en la conversación que tuvimos con un amigo anoche en un bar. Por alguna razón, nuestra atención suele parecerse mucho a las olas en el mar que aparecen y desaparecen, de la misma manera que prestamos atención a ciertas cosas y luego nuestro foco se desvanece cuando nos relacionamos con lo cotidiano, con lo pequeño, con lo que -como dije- en realidad compone el 90% de lo que es nuestra vida.

Y repito, prestar atención a lo pequeño, a lo cotidiano, no lleva más tiempo que no hacerlo. Y prestar atención a los detalles de lo cotidiano es algo que podemos decidir comenzar a hacer de manera intencional. Porque estar atentos a lo que ocurre en este momento, por más trivial o cotidiano que sea, es algo que podemos desarrollar. Podemos desarrollar esa capacidad de prestar atención a lo trivial, a lo cotidiano. Digamos que podemos “crear el hábito de prestar atención”. Así es, porque prestar atención también puede ser un hábito. Un hábito poderosamente positivo y transformador. Y luego podemos ir un paso más allá. Y me refiero a no solo prestar atención, sino de también ingresar en el espacio del menmitsu no kafu, ese espacio que nos invita a prestar una atención exquisita, cuidadosa, considerada, íntima, cálida y continua a los detalles de cualquier cosa que estemos haciendo.

Y una manera de comenzar a crear un hábito de prestar atención a los detalles de los aconteceres diarios es el de nombrar en tu mente alguna de las cosas triviales que estás haciendo en este momento. Entonces, cuando ingresas a la habitación, piensas “Enciendo la luz”. Así, cuando lo haces, piensas “Enciendo la luz”. Cuando por ejemplo depositas una copa sobre la mesa, observa, “Deposito la copa” y piensa, “Deposito la copa”. Cuando acaricias tu mascota, piensa también “Acaricio mi mascota”. Simplemente nombra en tu cabeza alguna de las actividades que realizas, especialmente aquellas que son rutinarias o que consideras menos importantes. Así, de esa manera vas generando el hábito de prestar atención. En este momento son palabras en tu mente: “Deposito la copa, acaricio a mi mascota”, pero luego se transforma en algo natural y no lo tienes que pensar, que “simplemente” lo haces.

En los detalles, en lo cotidiano, allí se encuentra el más exquisito sabor de la vida. Prestar atención, estar presentes en cada uno de ellos te convierte en una persona más plena e integrada con tu entorno. Quizás te des cuenta de muchas cosas maravillosas que no hayas visto y también quizá descubras ciertas cosas que no te habías dado cuenta que no eran adecuadas para ti y que ahora quieres cambiar.

Todo esto ocurre si prestas atención al detalle. Si perfumas tu vida con la fragancia del menmitsu no kafu.

Gracias por estar aquí y por ser parte de este camino. Hasta el próximo paso.

SUSCRIBETE A CAMINOS DE TRANSFORMACION

Tus datos están seguros. No serán compartidos con nadie fuera de nuestra organización.

Newsletter Form (#1)