Ep. 18 – PALABRAS

por Sozan
PALABRAS EN EL CAMINO

PALABRAS

(Episodio 18)

La acción, ese reflejo visible de nuestra mente y emoción, se da de muchas y variadas formas. Una de las maneras principales en las que actuamos es mediante la comunicación. La palabra es un vehículo potente de expresión. Puede generar unión o división, puede sanar o lastimar, puede construir o destruir. Es por esto que prestar atención sobre esta forma de accionar, la expresión de la palabra, es fundamental. En este episodio reflexiono sobre la importancia de encontrar la manera de actuar que nos permita utilizar la palabra de la mejor manera posible, ya que esto es parte de un verdadero camino de transformación positiva.

spotify

(ESCUCHAR EN OTRAS PLATAFORMAS)

TRANSCRIPCION:

En el episodio anterior hablé sobre tres componentes fundamentales que definen en gran medida la manera en que somos en el mundo. Estos son la mente, la emoción y la acción. Y como dije, nuestras vidas están fundamentalmente influenciadas por estos tres elementos. Lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos. Y cuando hablo de lo que hacemos, también me refiero a lo que decimos.

De alguna manera forman parte de quiénes somos, estos componentes y cómo somos en el mundo. Por eso es importante entonces observar y reflexionar sobre cómo cada uno de estos elementos interactúa entre sí y qué influencia tiene uno sobre el otro.

Y como hemos visto en episodios anteriores, la mente es algo que podemos entrenar. La manera en que pensamos puede ser intencionalmente transformada por actitudes que son conducentes a que pensemos diferente. También la manera en que nutrimos la mente, la manera en que nos instruimos y el desarrollar la capacidad de ver con mayor amplitud, comprendiendo que todo cambia y que está íntimamente relacionado entre sí. Esto nos permite transformar la manera en que pensamos.

Y podemos hacer mucho por crear las condiciones adecuadas para que los pensamientos que tenemos sean más equilibrados, sean más nobles y que generen menos sufrimiento. Pero lo que sí no podemos hacer es tener total control sobre lo que pensamos. Si entrenamos la mente, quizá podamos detener estos pensamientos para que no sigan creciendo. Pero los pensamientos surgen durante diferentes momentos del día y de la noche, lo queramos o no, y en general, no puedes detener el nacimiento de un pensamiento. Algo similar sucede con la emoción.

Podemos entrenar en la compasión. Podemos transformarnos en personas más comprensibles, más justas, menos resentidas, menos temerosas. Sin embargo, las emociones surgen más allá de nuestro control. Como con la mente podemos de alguna manera interactuar internamente con las emociones. Podemos observarlas, calmarlas, podemos cultivarlas… Pero en líneas generales, como con el pensamiento, no podemos controlar que las emociones surjan.

Y en esta interacción de mente, emoción y acción, sobre lo que sí tenemos algo de control. lo que sí podemos decidir en la manera en que queremos que ocurra antes de que ocurra es en la acción. La manera en que actuamos en el mundo en relación a nuestros pensamientos y a nuestras emociones. Podríamos de alguna manera quizás definir esta acción como “la materialización de nuestro pensar y nuestro sentir”. La manera en que nuestro pensar y nuestro sentir se hace visible en el mundo que nos rodea.

La acción, este reflejo de nuestro ser interior, se da de muchas y variadas formas. Y una de las maneras principales en las que actuamos es mediante la comunicación. Y de la comunicación voy a hablar en este y en los próximos episodios de Palabras en el Camino: La comunicación como la acción a través de la expresión. Y esto es clave en relación a las formas en que generamos mayor beneficio y armonía. O por lo contrario, cómo a través de la manera en que nos comunicamos podemos también generar mayor discordia y complejidad en nuestro entorno. La manera en que nos comunicamos, en cualquiera de sus formas y medios, es algo que en realidad podemos de alguna manera controlar y de esta manera transformarnos a nosotros mismos y todo aquello que esta comunicación toca.

Y por supuesto, hay muchas maneras de comunicarse. Podemos comunicarnos a través de los gestos, a través de la palabra, a través de los silencios. Podemos comunicarnos a través de la imagen, a través de los sonidos… Sin embargo, una de las maneras en la que nos comunicamos con mayor frecuencia e intencionalidad es la palabra en sus diferentes expresiones. La palabra, ya sea escrita o hablada.

Como ya sabemos, la palabra es un vehículo potente de expresión y puede generar unión o puede generar división. La palabra puede sanar o puede lastimar, puede construir o puede destruir. Y es por esto que reflexionar sobre este medio de la acción, la “expresión de la palabra” es tan importante. Y trabajar en nuestra capacidad de utilizar la palabra de la mejor manera posible es parte de un verdadero camino de transformación positiva.

También es importante considerar que la palabra que utilizamos en nuestra acción de comunicación no siempre es propia. En ocasiones repetimos algo que oímos. La palabra sale de nuestra boca, pero en realidad estamos compartiendo algo que recibimos -y algo que solemos hacer, a veces de manera escrita en las redes sociales-. Hay que destacar que la palabra que compartimos o repetimos tiene nuestra impronta, nuestro aval al hacerlo, al repetirlo. Por lo que también debemos considerar y lo que repetimos o compartimos tiene que tener el mismo cuidado con el que tratamos la palabra propia.

La comunicación a través de la palabra puede tomar diferentes propiedades o matices. Puede ser, por ejemplo, verdadera o falsa. Puede ser sincera o engañosa. Esta palabra puede enaltecer o calumniar, y puede provenir del ego en su búsqueda constante del beneficio. O también puede ser generosa. Existen entonces muchas maneras en la que podemos observar la comunicación a través de la palabra, y a partir de esta observación reflexionar sobre cómo queremos comunicarnos en las diferentes situaciones de nuestro acontecer diario.

Te invito entonces a que observes cómo te comunicas en los distintos ambientes y medios con los que interactúas. Que observes si hay diferencias en la manera que utilizas la palabra en tu hogar, con tu familia, tus amigos o en la manera en que utilizas la palabra en el trabajo. Si cuando hablas te expresas de manera diferente, por ejemplo, cuando escribes. Cómo suele ser tu accionar en referencia a lo que compartes, lo que repites de lo que has oído o leído y cuáles son tus objetivos más íntimos al hacerlo, al compartir. ¿Por qué lo dices? ¿Por qué lo compartes? ¿Cuál es la intención?

Observa entonces cómo te comunicas, y ponte por unos instantes del lado de quien recibe lo que dices o lo que escribes. Intenta conectar con el impacto del contenido y la forma en que lo sueles expresar. Hazte la pregunta ¿Cómo recibirías tu propia comunicación? ¿Cómo crees que impacta en la mente y emoción de los otros la manera en que te comunicas con ellos?

Y este es el proceso que estamos investigando hoy. Pensamiento y emoción que se vuelven acción y acción, que se vuelven ocasiones “palabra”, “comunicación”. Y una comunicación que se vuelve pensamiento y emoción en otros cuando lo reciben.

Como dije, entonces el poder de la palabra es inmenso. Y te invito a seguir reflexionando sobre su potencial para crear paz, armonía, belleza… o para generar discordia, separación o dificultad.

Una vez más, gracias por estar aquí y por ser parte de este camino. Hasta el próximo paso.

SUSCRIBETE A CAMINOS DE TRANSFORMACION

Tus datos están seguros. No serán compartidos con nadie fuera de nuestra organización.

Newsletter Form (#1)