El EGO no es el problema

por Sozan

"El dolor es un resultado del apego al ego, de querer que las cosas sean como queremos, de desear «la victoria del yo»."

Pema Chödron (1936-) monja budista tibetana

¿Qué es el ego? ¿Y por qué pareciera ser la fuente de todas las complejidades del universo? Detenerse a comprender el significado correcto de las cosas es importante. Y quizá una de las definiciones más importantes que podemos aclarar es la del significado del “ego”. Muchos creen que el ego es la fuente de todos los males de la humanidad, y quizá sea conveniente explorar esto con un poco más de profundidad.

Desde el punto de vista técnico, el ego es “La instancia psíquica mediante la cual una persona se reconoce ‘como yo’ y empieza a ser consciente de su propia identidad”. Ego, sin ir más lejos, viene del latín que significa ‘yo’. O sea que “ego” y “yo” en gran medida significan lo mismo. Y creo que no hay nada de malo (en la mayoría de los casos) con que yo sea yo y que tú seas tú. De hecho, que tengamos un sentido de quiénes somos, de identidad, en sí mismo no es motivo de preocupación. La dificultad surge cuando esta identidad se ve influenciada por ideas o emociones que la distorsionan. El problema entonces no es el ego en sí mismo, el problema es el egocentrismo o el egoísmo. Pongámoslo de otra manera. El problema no soy yo, es el “yocentrismo” o el “yoísmo”.

Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué esta relación con el ego se vuelve un problema? Probablemente uno de los factores principales sea el temor. Cuando nos sentimos inseguros es cuando usualmente surgen nuestras defensas habituales, y tendemos a aferrarnos aún más defensivamente a nuestro ego. De la misma manera como ocurría en las batallas medievales cuando el enemigo acechaba y los soldados se protegían en su castillo de altas paredes y gruesas compuertas, el ego se convierte en un castillo detrás del que nos protegemos y ocultamos. Encerrados en el castillo del “yo”, separados de todo el resto, nos intentamos proteger de los embates contínuos de una vida que no da tregua.

El ego es parte de quienes somos, y no es el problema. Pero cuando vivimos de manera egocéntrica y egoísta (yoísta), nuestro castillo del ego es el centro amurallado de un reino imaginario donde lo que más importa es uno mismo. Cuando trabajamos para sanar la relación con nuestro “yo” y derribamos esas gruesas paredes y abrimos las compuertas, aceptamos nuestro ego como parte de quienes somos, sin aferrarnos a sus impulsos y necesidad de protección. En una relación íntima y sana con nuestro ego, nos liberamos por completo e ingresamos a la fluidez de una vida en sana convivencia y respeto por uno mismo y por todos los demás… con más conexión y, por supuesto, mucho menos sufrimiento.

Sozan

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